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lunes, febrero 05, 2007


Clubs náuticos: un modelo en crisis

Los Clubs Náuticos están cambiando a marchas forzadas su razón de ser y su base social. Por ello, se ven abocados a proceder a una profunda renovación de sus estructuras, de sus funciones y de sus formas. Un ejemplo es el Club Náutico de Vigo, que ha celebrado su primer Centenario durante el 2006.

Pedro Puialto


Al igual que ocurre con la mayoría de los equipos de fútbol, con estructuras obsoletas y deudas inasumibles, otras sociedades deportivas, como muchos clubs náuticos, se enfrentan a verdaderas bancarrotas y situaciones de crisis a las que son conducidos por directivas irresponsables que llegado el momento se lavan las manos, dejando a venerables sociedades sumidas en el caos y la estacada. Las profundas transformaciones que está sufriendo la Sociedad Un nuevo modelo de entidades deportivas se hace necesario y mientras este no se instaura las viejas formas de concebir unas entidades que deben actualizarse de raíz son rechazadas por sus usuarios. El fondo de la cuestión, lo que la gente demanda, es proceder a una verdadera democratización y a una gestión eficaz acorde con los tiempos en que vivimos. se dejan sentir también en la base sociológica que sustentaba a los clásicos clubs náuticos.

CLUB NÁUTICO DE VIGO:

LA REBELIÓN DE LOS SOCIOS

El paradigma de esta situación se está produciendo en el Club Náutico de Vigo. A pesar de la intensa y costosa campaña de imagen realizada durante todo el año 2006 para celebrar su Centenario, y que al parecer no consiguió mejorar la que los socios perciben de la actual Junta Directiva, en la última Asamblea general ordinaria celebrada el pasado 24 de noviembre, que se prolongó insólitamente hasta las 2 de la madrugada, se produjo una esperpéntica situación próxima al motín en la que grupos de socios, en medio de insultos e imprecaciones, cuestionaron la capacidad de la directiva y de su presidente para regir el Club y pidieron su dimisión en un ambiente de auténtica sublevación de la masa social asistente. Como resultado inmediato, los presupuestos para el año 2007 fueron rechazados y el Club deberá funcionar con los del 2006 prorrogados. A pesar de ese contundente varapalo, totalmente extraordinario en la forma en que se produjo en la historia de un Club ilustrado y de correctas formas burguesas, el presidente ha declarado que ni se plantea dimitir.

UNA VICTORIA CONTUNDENTE

Hace algo más de dos años, el 29 de octubre de 2004, tuvieron lugar las últimas elecciones. La anterior directiva se escindió en dos listas y el ambiente electoral también era entonces proclive a la regeneración y actualización del Club en un momento en que éste languidecía y numerosos socios se daban de baja tras haber sido cerrada la piscina en circunstancias opacas. Ante esta situación, un grupo de socios constituyó una lista que bajo los lemas de ?Cambiamos de Rumbo? y ?Una candidatura de todos/as y para todos/as? propugnaba: ?Devolver el Club a sus legítimos dueños, que son los socios, abriendo las puertas para que entren oleadas de aire fresco y renovado?. Bajo ideas tan atractivas como encomiables, el sentido último de la candidatura era el de aplicar una profunda democratización, democratización que debía empezar por la propia Junta Directiva, acordándose para ello realizar una dirección colegiada y cambiar cuanto antes los vigentes estatutos del Club, de corte totalmente presidencialista, por unos más democráticos. Para encabezar la lista, ese grupo de socios preocupados por la decadencia del Club pensaron en Franco Cobas como una persona que parecía adecuada para proceder a la democratización integral que propugnaban, prestándose a ello el futuro presidente.

Los resultados electorales fueron contundentes y la lista ?Por el cambio de rumbo? cosechó 769 votos mientras que las otras dos, encabezadas por sendos miembros de la anterior Junta Directiva, consiguieron 458 y 176 respectivamente.

UN CRÉDITO DESPILFARRADO

La confianza otorgada por la mayoría de la masa social se prolongó durante algún tiempo y la Junta Directiva contó desde el inicio de su andadura con un fuerte respaldo de los socios, respaldo otorgado a cuenta de las promesas de democratización y transparencia tras una época que había dejado mal sabor de boca. Pero pronto cambió el panorama: el fuerte personalismo y talante autoritario que el presidente y unos pocos directivos imprimieron a la gestión de la Sociedad, dio lugar a desencuentros y controvertidos episodios que comenzaron deteriorando las relaciones en el seno de la Junta Directiva y que, de momento, han conducido a la salida del Delegado de Comunicación. Igualmente, esta percepción se ha ido extendiendo entre los socios que frecuentan más el club al ver cómo se toman decisiones de forma prepotente y se ha ido generando un sentimiento de frustración al quedar patente que la regeneración democrática debe seguir constituyendo una asignatura pendiente.

?SALIR EN LA FOTO?

Esta manera exclusivista de entender la labor directiva ha ido generando múltiples conflictos, especialmente en el campo de la comunicación por el que el presidente siente especial querencia. Entre ellos, fue muy comentado en la ciudad el discurso que pronunció durante la recepción del premio Reconquista concedido al Club con motivo de su Centenario por el Ayuntamiento de Vigo, discurso que por su carácter casposo y fuera de lugar supuso críticas de numerosos socios y de políticos de diferentes tendencias presentes en el acto. Otros lamentables episodios producidos en este ámbito dejaron patentes un servilismo y una supeditación del Club a intereses ajenos que, según el sentir de la mayoría, ni son de recibo ni vienen a cuento. Esto fue claramente percibido por la masa social cuando en la anterior Asamblea, celebrada en el mes de mayo de 2006, rechazó mayoritariamente la propuesta de la Junta Directiva de conceder la medalla del Club al Ayuntamiento de Vigo, señalando así su repulsa a una política de dependencia y pelotilleo a las autoridades que ya se había sufrido en otras épocas y que en la actualidad la mayoría de los socios consideran contraproducente y reñida con la solera, importancia y proyección futura del Club. La actuación del presidente en este campo alcanzó su clímax al proponerse como director de la revista, cargo que suma al de presidente y que, al menos nominalmente, también ejerce ahora, caso insólito no ya en la historia del Club Náutico de Vigo sino, seguramente, en la de la totalidad de entidades semejantes.

UNA SITUACIÓN EXPECTANTE

Mientras, en otras instancias del Club viene imperando un estilo mercantilista a ultranza, con adjudicación a empresas privadas de la organización de eventos deportivos cada vez más ligados al mundo de la publicidad y menos a los intereses y disfrute de los socios, y también adjudicándose servicios en circunstancias que muchos socios consideran, cuando menos, poco lógicas y claras. La última de estas adjudicaciones, la del servicio de hostelería en la sede del Club a una empresa hostelera de escasa tradición que ha impuesto sus criterios de negocio sobre la comodidad de los usuarios tradicionales, ha sido la chispa que puede conducir a la defenestración de un equipo directivo que ha batido un verdadero record al haber conseguido en un plazo increíblemente corto trocar un crédito inicial casi unánime por una repulsa y desconfianza que igualmente parecen inmensas y ya difíciles de atajar. La prueba de fuego tendrá lugar próximamente, si fracasa el plan estrella de esta directiva que consiste en la conversión del club en una sociedad anónima, lo que eufemísticamente ha sido llamado ?plan de capitalización del Club?. Si no se consiguen todos los accionistas requeridos, no se podrá llevar a cabo esa capitalización, con lo que la deuda preexistente, incrementada considerablemente por una política económica suntuaria y de incontención en los gastos a cuenta de la futura capitalización, puede llegar a poner en peligro la existencia del club.

UN CONVENIO SURREALISTA

El, de momento, último episodio de lo que algunos han calificado como auténtico viaje hacia el abismo, pudiera ser el convenio de colaboración firmado el pasado 12 de enero entre el Club Náutico y el Club Celta de Vigo, que podría tener lecturas en esa dirección, la de ?la capitalización del club?, a la vista de la potencia y la biografía de Carlos Mouriño, presidente del Celta de Vigo. Aunque así no fuera, el convenio, que en boca de sus signantes ?hace ciudad? y ?es histórico?, abarcará, según ambos, a 30.000 personas. Los veteranos socios del Club, de nombre ?náutico?, se preguntan qué tiene que ver su afición y querencias con el fútbol y donde se van a meter ahora si a los 18.000 socios del Celta les da por ir por el Club o inscribirse en los cursos de éste, y un largo etcétera de preguntas que sugieren lo que para muchos no es sino una huida hacia delante y un absurdo propio de una mentalidad megalómana. En este convenio se deslizan lo que algunos juzgan como despropósitos, tales como proponer descuentos a los socios del Celta en los cursos para la obtención de titulaciones náuticas que organiza el Club Náutico, cuando los Clubs Náuticos detentadores de escuelas náuticas homologadas por la Xunta de Galicia para la impartición de los títulos oficiales sólo pueden dar estos a sus socios y parientes directos según la legislación vigente, como han señalado fuentes de AGEENAR (Asociación Galega de Empresas de Enseñanzas Náuticas de Recreo) que, alertadas por lo publicado en ese sentido, estudian tomar cartas en el asunto.

UN RELEVO IMPRESCINDIBLE

Ahora, tras el motín del 24-N, ha quedado claro que la masa social no está por la labor de actuaciones mercantilistas ni ideas faraónicas y que la tan cacareada democratización continúa pendiente y en su profundo sentido sigue siendo una demanda inexcusable de los socios que deberá tener en cuenta cualquier otra directiva que se promueva para sustituir a la actual, ya quemada en tiempo record. En ese sentido, parece que existen movilizaciones para realizar una moción de censura y en los mentideros suenan los nombres de varios socios notables dispuestos a liderar el tremendo descontento que se ha enseñoreado de la veterana sociedad viguesa, a la vista de la necesidad de poner coto a lo que muchos perciben como imparable camino hacia la extinción del Club justo después de las alharacas del Centenario y cuando en el horizonte se le plantean graves problemas que pueden afectar a su supervivencia, tales como la extinción de la concesión del Puerto Deportivo, que requerirán de un equipo directivo cohesionado, respaldado por la totalidad de los socios, democrático, respetuoso y realmente competente.

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